“Recuerdo que ya llevaba algunos meses viviendo fuera de mi país cuando tuve una conversación con una amiga; fue un intercambio de pensamientos poco alentadores, cargados de aquella atmósfera de miedos y frustraciones por pensar en volver a casa y todo lo que eso conllevaba para mi. Irme a vivir lejos había sido casi la primera vez en mi vida que experimentaba libertad de ser como soy, sin que nadie me juzgara, criticara o hiriera, pero que gracias a ese día y a ese espacio de plática, llegué a conocer sobre Ana, The Balance Project y los cambios que genera en otras personas.
Estando de vuelta en mi país natal, el deseo de irme, de salir corriendo, de huir era parte de mi día a día… no quería salir de mi casa por lo que la situación de la pandemia podía ocultar el hecho de que en realidad estaba deprimida… lo que no me impidió comprender que al final de quien estaba huyendo era de mi misma, de volver a ser ese tipo de persona que debía encajar en todas partes. Era tan agotador que supe que no podía manejarlo, me estaba dejando atrapar por una nube negra de pensamientos negativos constantes, por lo que sabía que era momento de pedir ayuda, de darme la oportunidad de descubrir que sucedía, de respirar, sanar y tomar control de mi.
Al inicio debo ser sincera, lo miré con escepticismo pues en el pasado, ya había asistido varias veces con otros profesionales en búsqueda de ayuda, obteniendo resultados no tan fructíferos y a la vez, sin ningún avance de lo que yo ya “sabía” que era mi problema. Sin embargo con la terapia con Ana por primera vez en mi vida esto fue diferente…
Con este programa puedo decir que hoy me siento una mujer más fuerte, equilibrada emocionalmente, que no tiene miedo de decir lo que opina, de darse valor y poner límites; con el pasar de cada semana podía identificar en mí aquellas cosas que debía sanar; desarrollé una consciencia en la que asimile que por mucho tiempo fui mi peor enemiga, pero siendo compasiva con ese ser que en su momento no tenía los medios ni las herramientas que tengo ahora para manejar lo que sentía.
Hoy me trato con amor, me abrazo, me responsabilizo, me perdono y camino con mi niña interior; hoy agradezco ¡mi existencia! Ya no quiero asumir el papel de víctima, quiero ser la protagonista victoriosa de mis días y de mis batallas… hoy vuelo libre, sueño y anhelo cosas que consideré imposibles, ¡hoy me siento de nuevo yo! Angélica, la que se siente orgullosa del camino recorrido y la que se alienta por el futuro que vendrá que ya no le tengo miedo.
Gracias Ana por tu tacto, tu calidez y sobre todo tu profesionalidad, por hacerme sentir persona antes que solo un paciente, por darme valor y acompañarme en este proceso”.